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Estudios Bíblicos

Notas breves sobre algunos estudios bíblicos.

La Reforma Protestante

¡Feliz mes de la Reforma!

viernes, 24 de noviembre de 2017

Charles Spurgeon y los libros




Charles Spurgeon poseía una biblioteca personal la cual contenía 12,000 volúmenes. Una cantidad impresionante. Para Spurgeon la lectura era algo muy importante y de hecho tal hábito marcó su ministerio.

Biblioteca personal de Charles Spurgeon

Cuando leemos sus sermones, nos encontramos con mucha riqueza bíblica y perlas de otros buenos libros. ¿Qué podemos aprender de Spurgeon y su gusto por los libros?

Ray Rhodes Jr. en un breve artículo[1] nos da respuesta, mediante una serie de consejos:

1. Busca buenos libros. En la biblioteca de Spurgeon había muchos libros usados que encontró en los catálogos de librerías de segunda mano. Ya sea nuevo o usado, encuentra buenos libros. Especialmente encuentra libros de tapa dura que durarán a través de los años y que pueden transmitirse a tus hijos.

2. Lee buenos libros. Los libros se ven hermosos alineados en los estantes de roble. Sin embargo, los libros están destinados a ser leídos. Spurgeon exhortó: "Dése a leer. El hombre que nunca lee nunca será leído; el que nunca cita nunca será citado. El que no usa los pensamientos del cerebro de otros hombres, prueba que no tiene cerebro propio".

3. Lee variedad de libros. Se supone que regularmente te deleitarás con la Biblia. Más allá de eso, lee historia, biografía, himnos, clásicos y buena ficción. Spurgeon afirmó:
"Estamos bastante convencidos de que la mejor forma de pasar su tiempo libre es leer u orar. Puede obtener mucha instrucción de libros que luego puede usar como una verdadera arma en el servicio de su Señor y Maestro. Pablo grita, "Trae los libros", únete al grito."
4. Lea todo lo que pueda. Spurgeon era un hombre excepcionalmente talentoso. No eres Spurgeon, pero es probable que puedas leer más libros de los que actualmente estás leyendo. Comience en alguna parte, intente dos páginas por día. En un mes, habrá leído 60 páginas y en tres meses terminará su libro. Comienza en algún lugar y luego crece en tu lectura.





domingo, 19 de noviembre de 2017

El llamado del predicador



En nuestros días, estamos viendo el surgimiento de muchos predicadores en diferentes denominaciones cristianas. Sin embargo, luego de este surgimiento estamos conociendo de casos en los cuales estos predicadores no tenían un llamamiento divino, sino que se trataba de una emoción personal o un interés malicioso. Entonces ¿qué es ser un predicador? y ¿cuál es ese llamamiento?

Martyn Lloyd-Jones, escribe al respecto: "Yo diría que el único hombre que está llamado a predicar es aquel que no puede hacer ninguna otra cosa en el sentido de que ninguna otra cosa le satisface. El llamamiento a predicar está de tal manera sobre él, y hay tal presión gravitando sobre él, que dice: "No puedo hacer ninguna otra cosa: tengo que predicar".[1]

De modo que, predicar no es un asunto que nace en la búsqueda de fama o ganancias, sino que nace en la gracia de Dios para el  hombre. El verdadero predicador es llamado por Dios.

"El predicador es un mensajero divinamente designado. En el Antiguo Testamento, una de las funciones del profeta era predicar al remanente de creyentes que buscaban vivir vidas piadosas en medio de su generación, así como a los incrédulos, llamándolos al arrepentimiento. Por lo tanto, el profeta fue uno que tuvo un llamado de Dios, a quien le dio un mandato específico para compartir, un mensaje divino.

En el NT, el predicador era el "apóstol", "uno enviado de Dios" (apestelmenos). Mientras que en cierto sentido cada creyente es hoy un "enviado", sin embargo, algunos están especialmente llamados a ser sus mensajeros. El humilde predicador no puede hacer menos que emular el ejemplo de nuestro Señor Jesús: "Me ha ungido ... para proclamar la libertad" (Lucas 4:18).

No hace falta decir que el personaje del predicador debe ser impecable. Él es llamado a ser un vaso limpio del Señor (Isa 52:11). Sin embargo, también debemos recordar que, a pesar de la capacidad, habilidad, dones y la cantidad de trabajo del predicador en el curso de hacer exegesis de los textos bíblicos en el idioma original a la palabra hablada en el púlpito, sigue siendo Dios quien trabaja querer y actuar según su buen propósito (Filipenses 2:13).

Si bien esta desafección puede reflejar una amplia variedad de razones, uno se pregunta si una buena parte de ella se debe a que el predicador no está predicando el texto bíblico de manera fiel. Por lo tanto, la comunidad no lo considera una persona especial con un mensaje único. Con demasiada frecuencia, como señala Robinson, los mensajes del predicador se ahogan en una "sociedad sobrecomunicada", lo "sorprendente e inusual" en la predicación toma realmente el lugar del mensaje bíblico, y la "acción social" se convierte en el sustituto de la predicación bíblica." [2]

Lamentablemente muchos predicadores han menospreciado el mensaje bíblico para complacer a los oyentes, los tales no han comprendido el llamamiento de Dios. Estimados predicadores, por gracia de Dios somos ¡portavoces del Dios vivo!. Debemos decir lo que Él dice, debemos llamar bueno a lo que Él llama bueno, y malo a lo que Él llama malo.

Con toda razón lo expresa el pastor Alex Montoya: "Lo atrayente de las multitudes y la popularidad pueden tentarnos a comprometer nuestro llamado a “predicar la Palabra. También, fácilmente podemos comercializar el mensaje divino y “venderlo” muy barato a las multitudes inconstantes. En lo general, en las iglesias no escasean los oidores que procuran a los vendedores de la Palabra que se contentarán solamente con agradar al oído en lugar de cambiar el corazón. En realidad, predicamos en tiempos difíciles y todos los predicadores lo sabemos."[3]

Que los predicadores podamos despertar a lo que Dios nos ha llamado, esto es: Predicar Su Palabra.






[1] Lloyd-Jones, Martyn. La predicación y los predicadores (120). Editorial Peregrino.

[2]Revista de la Sociedad Teológica Evangélica Volumen 27. 1984 (vnp.27.1.4). Lynchburg, VA: La Sociedad Teológica Evangélica.

[3]Montoya, A. (2003). Predicando con pasión (12). Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz.

sábado, 18 de noviembre de 2017

¿Qué es la predicación expositiva? [video]

La predicación expositiva, es un tema que debería interesar principalmente a predicadores pero también los oyentes deben conocer sobre el tema. ¿Qué es y qué importancia tiene la predicación expositiva? ¿cómo formar un sermón expositivo? ¿cómo el oyente puede sacar provecho de un sermón expositivo?

Todas estas preguntas son muy importantes. Sugel Michelén ha escrito un libro sobre la predicación expositiva, titulado "De parte de Dios y delante de Dios", en el cual aborda los aspectos prácticos y teológicos de la predicación expositiva.

Posiblemente no todos tengamos acceso a este libro tan buenísimo, sin embargo el  "Seminario Reformado Latinoamericano" ha puesto a disposición cuatro plenarias impartidas por el pastor Sugel, en las cuales son abordados los principales aspectos de la predicación expositiva.

Una mina de oro, para predicadores y oyentes. A continuación les comparto el enlace para que puedan disfrutar de dichas conferencias.



viernes, 17 de noviembre de 2017

La perspectiva católica romana sobre la justificación



Actualmente existe un interés por parte de algunos líderes evangélicos (¿protestantes?) en acercarse más y más a la Iglesia Católica Romana. Lo cual representa un peligro.

Si bien es cierto que, no estamos llamados a la enemistad contra los miembros de la ICAR, pero si estamos llamados a ubicarnos y defender lo que creemos. Hay muchas diferencias marcadas entre el protestantismo y la ICAR, las cuales impedirían una relación ecúmenica. Una de estas diferencias es la definición de la doctrina de la justificación.

La posición católica romana respecto a la justificación es que se trata de un proceso de toda la vida, que comienza con el bautismo y continúa dentro de los confines de la iglesia. "Karl Keating dice: "[Cristo] hizo su parte, y ahora tenemos que cooperar haciendo lo nuestro".
El Concilio de Trento, muestra que nadie puede estar seguro de su justificación y que es una anatema pensar que no debemos hacer algo para ganar la salvación:
Ni tampoco se puede afirmar que los verdaderamente justificados deben tener por cierto en su interior, sin el menor género de duda, que están justificados; ni que nadie queda absuelto de sus pecados, y se justifica, sino el que crea con certidumbre que está absuelto y justificado; ni que con sola esta creencia logra toda su perfección el perdón y justificación; como dando a entender, que el que no creyese esto, dudaría de las promesas de Dios, y de la eficacia de la muerte y resurrección de Jesucristo[...]  la gracia de Cristo han recibido, y cooperando la fe con las buenas obras, se justifican más[1]
El Catecismo Católico Romano señala: "Pero, “la fe sin obras está muerta” (St 2, 26): privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo" [2]

De esta teología, lógicamente se deduce que:
"Para obtener la felicidad del cielo, debemos conocer, amar y servir a Dios en este mundo". Sin buenas obras, nadie llegará al cielo.

¿Es eso lo que verdaderamente nos enseñan las Escrituras?



[1] Concilio de Trento, Sesión VI, Canon 9
[2] Catecismo Católico, Tercera Parte, Primera Sección, Artículo 1814-1815

jueves, 16 de noviembre de 2017

¿Quién fue Ignacio de Antioquía?



Existieron muchos personajes en  la historia de la Iglesia que vale la pena considerar, ya que encontramos en ellos actitudes y acciones dignas de imitar. Entre tales personajes, conozcamos a Ignacio de Antioquía. Posiblemente para muchos este hombre resulte desconocido y otros se pregunten ¿qué podemos aprender del tal Ignacio?

¿Quién fue Ignacio de Antioquía?

Respecto a la identidad de Ignacio hay diferentes ideas, sin embargo en los escritos de otros contemporáneos encontramos muchas referencias sobre él. "Todo lo que sabemos con certeza sobre su vida está contenido en sus cartas y en el escrito de Policarpo. La hagiografía lo identifica con el muchacho que Jesús puso como ejemplo a sus discípulos, para darles un lección de grandeza y humildad en el reino de los cielos (Mt. 18:2). Esta leyenda fue propagada por Simeón Metafrastes en el siglo X. Para Jerónimo se trata de un discípulo del apóstol Juan. Eusebio dice que fue el segundo sucesor de Pedro en el episcopado de Antioquía de Siria (Hist. Ecl., 3,36). Orígenes que el primero (Hom. en Lucas, 6).

Obispo de la importante iglesia de la capital Siria, Antioquía, cuna de la misión a los gentiles, parece cierto que sucedió a Evodio, primer obispo, propiamente tal de Antioquía, entre el año primero de Vespasiano (70 d.C.), y el décimo de Trajano (107 d.C.). Juan Crisóstomo, natural de Antioquía, asienta que Ignacio fue consagrado obispo de manos de los mismos Pedro y Pablo, sin embargo, no hay evidencia histórica al respecto, aunque no se puede dudar del dato de fondo, el trato y la relación inmediata de Ignacio con los apóstoles.[1]

En algo concuerdan la mayoría de historiadores, y es que Ignacio fue un personaje cercano a los apostóles. Por lo tanto, él poseía una visión precisa de hacia donde iba el cristianismo y que estaba ocurriendo entre gentiles y judíos, sin olvidar las asechanzas de los emperadores romanos en contra de los cristianos.

Fue por ser cristiano que Ignacio es apresado entre los años 106 a 107 por orden del imperio romano. Ignacio iba a morir. Él lo sabía. 
Y mientras se dirige hacia a Roma, escribe algunas cartas en las cuales instaban a los creyentes a seguir firmes en su fe. El único problema que él encontró fue que algunos cristianos en Roma, pretendían abogar para que su condena fuese anulada, sin embargo él les escribe:
Porque no quisiera que procurarais agradar a los hombres, sino a Dios, como en realidad le agradáis. Porque no voy a tener una oportunidad como ésta para llegar a Dios, ni vosotros, si permanecéis en silencio, podéis obtener crédito por ninguna obra más noble. Porque si permanecéis en silencio y me dejáis solo, soy una palabra de Dios; pero si deseáis mi carne, entonces nuevamente seré un mero grito (tendré que correr mi carrera). [Es más], no me concedáis otra cosa que el que sea derramado como una libación a Dios en tanto que hay el altar preparado [2]
Y esa fue verdaderamente la meta de Ignacio: imitar a "nuestro Dios Jesucristo" en la muerte. Si los cristianos realmente querían hacer algo, debían orar para que él permanezca fiel. 

"Que Ignacio realmente quería morir era casi todo lo que sabemos sobre su martirio. Ni siquiera se sabe con certeza que fue asesinado, aunque es probable.
Como el segundo (o tercer) obispo de Antioquía, una de las iglesias más importantes de la época, sin duda fue uno de los cristianos más prominentes de la época que sucedió inmediatamente a los apóstoles." [3]

Los detalles de la muerte de Ignacio se pierden en la historia, pero no su deseo de que su vida cuente para algo: Que vengan el fuego, y la cruz, y los encuentros con las fieras [dentelladas y magullamientos], huesos dislocados, miembros cercenados, el cuerpo entero triturado, vengan las torturas crueles del diablo a asaltarme. Siempre y cuando pueda llegar a Jesucristo.

¿Qué podemos aprender de Ignacio de Antioquía? 

Su entrega total al Señor, hasta la muerte. Posiblemente a muchos no nos corresponda morir (literalmente) por la fe cristiana, sin embargo somos llamados a luchar diariamente contra las tendencias del mundo y contra los deseos de la carne. No podemos quedarnos de manera pasiva y fría, al contrario debemos avanzar en la vida cristiana, enfrentando diferentes desafíos, siempre y cuando podamos llegar a Jesucristo.





[1]Ropero, A. (Ed.). (2004). Lo mejor de Los Padres Apostólicos (p. 47). Viladecavalls: Editorial CLIE.
[2] Ignacio de Antioquia. Carta a los Romanos
[3] Galli, M., y Olsen, T. (2000). 131 Cristianos que todos deberían conocer. Editores: Mark Galli y Ted Olsen. (359) Nashville, TN: Broadman y Holman Publishers.

viernes, 10 de noviembre de 2017

¿Por qué algunos cristianos piensan que no deben sufrir?



Hablar del sufrimiento es delicado puesto que hay experiencias desgarradoras y que han causado conmoción en muchas personas. Sin embargo, debemos hablar este tema a la luz de las Escrituras.

La teología de la prosperidad, enseña que los cristianos deben gozar de riqueza, tranquilidad y salud. De hecho, afirman que Jesús murió para que nosotros no padezcamos y que todo el dolor, la pobreza y la enfermedad vienen del diablo. De modo que, los cristianos no deberíamos sufrir puesto que estamos en Cristo.

Pero esta perspectiva teológica tiene muchos vacíos y muy importantes, ya que al acercarnos a las Escrituras nos encontramos con muchas personas (cristianas) padeciendo hambre, calumnias, enfermedad, persecución y muertes violentas. Es más, nuestro Señor Jesucristo dijo: "Los zorros tienen cuevas donde vivir y los pájaros tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene ni siquiera un lugar donde recostar la cabeza." (Mateo 8:20 NVI). Nuestro Señor, en Su humanidad experimentó el dolor y la muerte como cualquiera de nosotros. 

Entonces, ante tal evidencia ¿por qué algunos -si no es que muchos - cristianos piensan que que no deben sufrir?

D. A. Carson en su libro "How Long, O Lord?: Reflections on Suffering and Evil", nos muestra cinco razones por las cuales los cristianos asumen que debemos ser inmunes a la maldad y sufrimiento. Algunas de las razones son:

a. Podemos equivocarnos en el equilibrio de las Escrituras. Recordamos los maravillosos triunfos de José, Gedeón y David; meditamos continuamente en la curación milagrosa del hombre ciego de nacimiento, o en la resurrección de Lázaro. Estamos menos inclinados a pensar en los sufrimientos de Jeremías, las constantes dolencias de Timoteo, la enfermedad de Trófimo o el aguijón en la carne de Pablo. Un hombre justo como Nabot perece bajo cargos inventados (1 Reyes 21). Los "buenos muchachos" no siempre ganan.

Es importante notar que podemos estar infectados por una versión piadosa del triunfalismo crudo que prevalece en gran parte de la cultura porque no hemos tenido cuidado de seguir el equilibrio de la Escritura.

b. Podemos sucumbir a la aglomeración de lo urgente. Pensamos que si Dios va a aliviar nuestros sufrimientos, debería hacerlo inmediatamente. Cualquier retraso vicia sus promesas. Vivimos en un mundo acelerado, y queremos que Dios responda con la misma eficiencia que esperamos de las computadoras de alta velocidad. No estamos inclinados a pensar en las demoras en las Escrituras: los cuarenta años de Moisés en el desierto, el retraso de veinte o más años antes de que José sea vindicado, la angustia incluso de los santos debajo del altar (Apocalipsis 6: 9-10). Pero Dios no está limitado por nuestros pequeños horarios. Aunque está comprometido con el bien de su pueblo, entiende que las demoras no siempre son malas. Además, si caminamos con Dios el tiempo suficiente, comenzamos a aprender la lección por nosotros mismos: miramos hacia atrás desde una perspectiva más larga y comenzamos a apreciar que el tiempo de Dios es el mejor. Entonces podemos maravillarnos de nuestra propia impaciencia. Nos parecemos mucho a los niños, y cada una de sus peticiones está marcada con el mensaje "¡Ahora!"

c. Algunos de nosotros malinterpretamos una cantidad de textos importantes. Por ejemplo, Romanos 8:28 dice: "Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito". Si interpretamos "el bien de los que lo aman" en formas egoístas y materialistas, nos perderemos por completo el punto del pasaje. 
En el contexto, son las cosas malas del mundo que están aquejando al pueblo de Dios, parte de los gemidos de todo el universo siendo entregado a la muerte y la decadencia (8:22ss), y culminando en la persecución del pueblo de Dios. Lo que el pasaje nos promete, entonces, es que en medio de tanta miseria, podemos estar seguros de que Dios está obrando "por el bien de los que lo aman". Ese tipo de promesa tiene que tomarse en la fe, la fe que es fuerte por la prueba que Dios ya nos ha dado de su amor por nosotros, la prueba que es nada menos que el regalo de su Hijo (8: 31-32). No hay nada en el texto que nos prometa un tiempo fácil, o una salida rápida de los gemidos a los que todo el universo da rienda suelta.

d. Muchos de nosotros no hemos reflexionado adecuadamente en la cruz. Hemos estado acostumbrados a pensar en la cruz como el medio de nuestra salvación; no hemos pensado mucho sobre lo que significa tomar nuestra cruz y morir diariamente, o llenar los sufrimientos de Cristo. [1]

En resumen, los cristianos no seremos de ningún modo inmunes al sufrimiento, y en muchos de los casos serán dolores que nos llevarán al quebranto. Pero en medio de todo esto, no debemos olvidar que Dios está obrando en nosotros y que Él nos sostiene para gloria de Su Nombre.




Hace unas semanas publiqué un breve devocional para Kindle, en el cual ofrezco algunas ideas para fomentar nuestra esperanza en medio del dolor. Puedes verlo haciendo clic aquí



[1] Carson, D.A., How Long, O Lord? Reflections on Suffering and Evil, Second Edition, 1990,2006, publicado por Baker Academic