sábado, 9 de agosto de 2014

La pecaminosidad de la negligencia



y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado. – Santiago 4:17


Este versículo forma parte de una sección que se ha titulado “no es gloriéis del día de mañana” según la RV60.
En los versículos precedentes, el escritor habla de una planificación vana.


“… la advertencia de Santiago en contra de una vana planificación es doble. Una vana planificación podría consistir en: decir con ligereza que mañana o pasado nos vamos de viaje, sin saber si estaremos vivos. Por otro lado podría ser: aplazar hasta mañana lo que Dios quiere que hagamos hoy mismo, si ni siquiera sabemos si mañana estaremos allí para poder hacerlo” – C. Plooy

Muchos cristianos hemos descuidado abiertamente las disciplinas espirituales de la oración y el estudio de las Escrituras, excusándonos de diferentes maneras, las cuales a la larga no son validas y empeoran nuestra condición. Decir: “Mañana empezare a orar, a leer la Biblia”, es postergar algo que Dios demanda hoy. No hacerlo nos convierte en negligentes, es más, pecamos al descuidar tareas tan importantes.

“El que sabe hacer lo bueno y no lo hace”, esto es pecado, pecado de omisión, el cual es una afrenta a Dios, en especial si conoce los mandamientos de Dios.


“Nunca debe tomarse el pecado a la ligera. Esto es especialmente cierto del pecado de omisión, al cual con frecuencia se le da la inocente apariencia de descuido. Pero no es así. Considérese el discurso de despedida de Samuel. A los israelitas congregados les dice: “En cuanto a mí, lejos esté de mí que yo peque contra el Señor dejando de orar por vosotros” (1 S. 12:23). Samuel evitaba el pecado de la negligencia. La negligencia equivale a no tener en cuenta a Dios y al prójimo y es, por lo tanto, un pecado contra la ley de Dios.”- Kistemaker