miércoles, 10 de septiembre de 2014

LA NECESIDAD DEL AUTO-EXAMEN Por Jonathan Edwards


LA NECESIDAD DEL AUTO-EXAMEN-  PARTE 1
Por Jonathan Edwards

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;
Y ve si hay en mí camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno.” - S
al. 139:23, 24

Este salmo es una meditación sobre la omnisciencia de Dios, o sobre su perfecta visión y el conocimiento de todo. El salmista expone el conocimiento perfecto que Dios tuvo de todas sus acciones, su sentar y su levantar;  de sus pensamientos, de modo que Él conocía sus pensamientos desde lejos; y aún de sus palabras, "No está aún la palabra en mi lengua", dice el salmista, "pero tú ya la sabes toda." Entonces él presenta la imposibilidad de huir de la presencia divina, o de esconderse de Él.
Así que fuese al cielo o se ocultase en el infierno, o volara a los confines de la mar, no se ocultaría de Dios. O si se esforzara para esconderse en la oscuridad, sin embargo, eso no lo cubriría. Pero la oscuridad y la luz son iguales a él. Luego expone el conocimiento que Dios tenía de él mientras estaba en el vientre de su madre, Sal. 139: 15, 16:

"Mi embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas,
Sin faltar una de ellas.
"

Después de esto el salmista observa lo que debe inferirse como una consecuencia necesaria de esta omnisciencia de Dios, a saber, que destruirá al impío, puesto que ve toda su maldad, y nada de ello es ocultó a Él. Y por último, el salmista mejora esta meditación sobre el ojo que todo lo ve de Dios, en pedir a Dios que lo pruebe, para ver si había algún camino de perversidad en él, y le llevará por el camino eterno.

Tres cosas se pueden notar en estas palabras.
I. El acto de misericordia que el salmista implora de Dios hacia sí mismo, a saber, que Dios le busque. "Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; ponme a prueba y conoce mis  pensamientos".

II. En lo que respecta a su deseo de ser examinado, a saber. "Para ver si hay camino de perversidad en él." No hemos de entender por ello, que el salmista quiere decir que Dios le deba examinar su propia información. Lo que había dicho antes, de que Dios sabiendo todas las cosas, implica que él no tiene necesidad de eso. El salmista había dicho, en el segundo verso, que Dios entiende su pensamiento lejos; es decir, que todo es si ante Él, ve en él sin dificultad, sin ser forzado a acercarse.
Por lo tanto, cuando el salmista ora para que Dios lo examine para ver si había algún camino de perversidad en él, no puede significar que Dios lo hará para ser informado, sino para que el salmista puede ver y conocer su camino. Él ora para que Dios lo encamine por su luz a descubrir; luz que lo llevaría a fondo para discernir por si mismo y ver si había algún camino de perversidad en él.

Tales expresiones figurativas se utilizan a menudo en las Escrituras. La Palabra de Dios se dice que discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. No es que la palabra en sí discierne, pero examina y abre nuestros corazones para ver, lo cual nos permite discernir el temperamento y deseos de nuestros corazones. Él no nos examina para su propia información, sino para el descubrimiento y la manifestación de lo que existe en nosotros.

III. Observe con qué fin lo desea, de ser examinado por Dios, a saber. "Que él podría ser llevado en el camino eterno", esto es, no sólo para un espectáculo momentáneo, y el cual aparecerá a él por un tiempo, y en el cual pueda tener la paz y la tranquilidad para el presente, sino mas bien para que se sostenga, para que resista la prueba la cual podrá soportar con confianza por siempre, y siempre apruebe lo bueno y correcto. Se dice, que "la senda de los malos perecerá," Sal. 1: 6. En oposición a esto, el camino de los justos dura para siempre.

SECCION I

Todos los hombres deberían estar mucho más interesados de saber si ellos no viven de alguna manera en pecado

David estaba muy preocupado al saber esto acerca de sí mismo. Buscó en sí mismo. Examinó su propio corazón y caminos. Pero no confiaba en eso. Todavía estaba temeroso de que podría haber algún camino de perversidad en él que se había escapado de su examen. Por lo tanto clama a Dios para buscar. Su seriedad en el asunto se refleja en la repetición frecuente de la misma petición con otras palabras: "Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; ponme a prueba y conoce mis pensamientos”. Él era muy serio para saber si no había alguna manera u otra de mal en él, en la que continuaba, sin estar al tanto.

I. Tenemos que ser mucho más interesados de saber si no vivimos en un estado de pecado. Todos los hombres no regenerados viven en pecado. Nacemos bajo el poder y dominio del pecado. Todo pecador no convertido es un devoto siervo del pecado y de Satanás. Debemos considerar esto como de mucha importancia para nosotros, para saber en qué estado nos encontramos, si hemos tenido algún cambio realizado en nuestro corazón del pecado a la santidad, o si todavía nos encontramos en hiel de amargura y lazo de iniquidad; si siempre mortificamos el pecado en nosotros; si no vivimos en el pecado de la incredulidad, y en el rechazo del Salvador. Esto es lo que el apóstol insiste con los corintios. 2 Cor. 13: 5, "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos; ¿No sabéis vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” Los que tiene buena opinión y esperanza de sí mismos, que son piadosos, deben tener mucho cuidado para ver que su fundamento sea correcto. Los que están en duda, no deben darse descanso así mismo hasta que resuelva el asunto.

Cada persona inconversa vive de una manera pecaminosa. Él no sólo vive en una práctica particular del mal, sino que todo el curso de su vida es pecaminoso. El designio de los pensamientos del corazón de ellos es continuo solamente el mal. Sal. 14: 3, "Ellos están totalmente corrompido: No hay quien haga lo bueno, no, nadie." El pecado es el comercio de un hombre inconverso. Es el trabajo y el negocio de su vida. Porque él es siervo de pecado. Y habitualmente los hipócritas, o aquellos que son hombres malos, y sin embargo se creen piadosos, y hacen una profesión, son especialmente odiosos y abominables para Dios.


II. Debemos estar muy preocupado de saber si no vivimos de alguna manera particular que es ofensiva y desagradable a Dios. Esta de ser nuestra principal intención. Debemos estar muy preocupado de saber si no vivimos en la satisfacción de algunas lujurias, ya sea en la práctica o en nuestros pensamientos, si no vivimos en la omisión de un deber, algo que Dios espera que deberíamos hacer, si no hemos llegado a alguna práctica o forma de comportamiento, que no es garantizable. Deberíamos preguntarnos si no vivimos en alguna práctica que va en contra de nuestra luz.