sábado, 20 de junio de 2015

¿Por qué es innecesaria la competencia ministerial?






A menudo se escucha en el mundo empresarial la frase: "Seamos los mejores", lo cual en su contexto es una clave para la motivación grupal. Y debido a esa política empresarial, los empleados, ejecutivos de ventas, asesores, etc trabajan en pro de ser mejores que los demás. Mientras laboran tienen una meta: hacer su empresa, la mejor empresa. 

Lamentablemente esta idea se ha infiltrado en muchas iglesias, donde pastores y congregaciones laboran en pro de ser la mejor iglesia de la ciudad, de tal modo que cada uno de los miembros trabaja para ese fin. En las redes sociales, ésta situación es mucho más evidente, muchos ministerios o ministros presentan sus "fan pages" para dar a conocer sus actividades o compartir pensamientos, sermones u otro tipo de recurso. Sin embargo la meta es generar likes y presencia en las redes sociales. ¿Qué hay de malo con eso? Pues lo pecaminoso es cuando se desprestigia o ataca otra iglesia o ministerio -y no me estoy refiriendo a denunciar falsos maestros o falsas enseñanzas-  sino a iglesias o pastores que comparten la sana doctrina, con el único fin de generar mayor tendencia o controversia en las redes sociales.

Ésta competitividad, ha hecho que muchos ministerios o ministros hayan perdido su enfoque, y ahora su única misión es hacerse de un nombre en la tierra, ser reconocido o famoso,"ser viral". Es lamentable.

Pero por si acaso te preguntas ¿por qué es innecesaria la competencia ministerial?

1. Porque servimos al mismo Señor: Jesucristo

2. Porque al competir de esa manera, desprestigiamos el cuerpo de Cristo.

3. Porque Cristo nos enseña a ser servidores, no a ser servidos. 

4. Porque quién debe llevarse la gloria -y quién la merece- es Dios.

5. Porque lo que hacemos o tenemos como ministerios, es por la gracia de Dios.

6. Porque nuestras actitudes inmaduras serán una contradicción a nuestras sabias palabras.

7. Porque el único fin de todo ministerio debe ser la gloria de Dios  y la edificación de su pueblo.

 Hagamos las cosas lo mejor que podamos, no para nuestra gloria sino para la gloria de Dios. No para que nos admiren, sino que en nosotros contemplen la gracia del Señor Jesucristo. Dios no está buscando ministerios o ministros super-estrellas, Él nos llama a ser siervos.