miércoles, 30 de marzo de 2016

Implicaciones teológicas de Génesis 1:1



En el principio creó Dios los cielos y la tierra. (Génesis 1:1)

Génesis 1:1, es uno de esos versículos muy conocidos por muchos, y es un texto que posee un rico contenido teológico.

He aquí algunas implicaciones teológicas de este texto.

La eternidad de Dios

La expresión “En el principio”, denota el inicio del tiempo más no de la eternidad de Dios. Dios existía desde la eternidad. No hay un momento en el cual Dios no existiese. El era, es y será, el Eterno Yo Soy.

Nuestra vida tiene un principio y fin, pero Dios no está sujeto al tiempo. Él existe sobre el tiempo y el espacio (Job 38:4-7)

Dios es el creador:

 “Creó Dios”. Dios es el Creador, nosotros y todo lo que existe, somos Su creación. Y más sorprendente aún es que todo lo que Él creo, fue hecho de la nada. Todo el universo fue creado ex nihilo (Heb. 11:3).

Por cuanto Él es el Creador, tiene el poder y la potestad de hacer lo que decida con Su creación. 

Todo fue creado según el propósito de Dios y para Su gloria.

La creación lleva en sí el propósito eterno de Dios, todo cuanto existe ha sido diseñado y establecido según el decreto eterno de Dios. De modo que todo este orden, belleza y sabiduría en la creación, debería llevar al hombre a glorificar al Creador. Sin embargo, los hombres se resisten a adorar a Dios, y en vez de ello adoran a la criatura. 

Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. (Rom. 1:20-21)


La Biblia está llena de riqueza teológica, que nos humillan y nos llevan a glorificar a Dios.

Génesis 1:1, no es un simple texto con el cual inicia el Antiguo Testamento, es el fundamento para la interpretación y entendimiento de las Escrituras.

Desecharlo o menospreciarlo, significar descalificar o desvirtuar a Dios como Creador, y eso nos coloca a merced de las más absurdas teorías evolucionista – utópicas.

Leamos las Escrituras, y encontremos la riqueza de la sabiduría de Dios.