sábado, 12 de marzo de 2016

La muerte: Un acercamiento teológico y práctico



La muerte no es un tema muy popular en nuestras conversaciones, de hecho, es de esos temas que evitamos. Sin embargo, a pesar de ser un tema delicado, debemos reconocer que desde que nacemos somos candidatos a la muerte. Pero ¿qué nos enseña la Biblia respecto a la muerte?

La muerte es inevitable

El hombre puede inventar o descubrir muchas técnicas o métodos para mejorar la salud y el bienestar, pero nada puede eximirnos de morir. 
Las Escrituras nos dicen:

No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la posee. (Eclesiastés 8:8)
Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio (Heb. 9:27)
Dios ha establecido un día en el cuál dejaremos este mundo.

Algunas aclaraciones necesarias:
a) No debemos tentar al Señor: Es cierto, Dios ha fijado un día para nuestra muerte, pero no debemos ir por la vida, tomando riesgos mortales de manera absurda e innecesaria.

b) No nos incumbe saber el día de nuestra muerte. Consultar mediums o adivinos, es abominable.

Para el cristiano, la muerte es un enemigo vencido

Aunque la muerte es inevitable, los creyentes en Cristo Jesús tenemos la esperanza de que Él venció la muerte en la cruz del Calvario.

pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio  (2 Tim. 1:10)
Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. (1 Cor. 15:54-57)
La muerte no es más que una puerta al gozo eterno, por ello Pablo escribe:

Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. (Rom. 14:8)

La muerte nos recuerda nuestra transitoriedad

Muchos viven complaciendo sus deseos, construyendo sus propios reinos y haciendo todo lo que desean. Pero llegará un día, cuando la muerte tocará a la puerta.
Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? (Luc. 12:20)

La muerte debe llevarnos a vivir mejor.

Pablo decía que "el vivir es Cristo" (Cf. Fil. 1:21), dando a entender que él solamente vivía para glorificar al Señor. Pero ¿cómo lograrlo? Haciendo la voluntad de Dios. Y ¿cómo conocer la voluntad de Dios? Leyendo las Escrituras y hablando diariamente con Dios.

La muerte debe inspirarnos a gozarnos en las bendiciones temporales.

El café de las mañanas, compartir con nuestra familia, tener techo y abrigo, un vaso con agua, etc, todas éstas pequeñas cosas son bendiciones de Dios. A Él le ha placido darnos todo eso y más. 
Disfrutar sabiamente, agradecer y glorificar a Dios, es lo que podemos hacer, mientras vivimos.

La muerte aunque dolorosa es inevitable, pero en Cristo tenemos esperanza (Pr. 14:32). No sabemos cuando será el día de nuestra partida de esta tierra, pero recordemos las palabras de Jesucristo:

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.