miércoles, 9 de abril de 2014

La santidad: Resultado de la elección divina.

según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, (Efesios 1:4)

Hay cierta enseñanzas falsa y carnal que ha llenado el corazón de muchos, la cual consiste en que pueden creer en Jesucristo y por lo tanto estar en paz con Dios a pesar de una vida carnal o alejada de Dios.


¿Nos ha escogido Dios para vivir en su contra?
¿La gracia nos permite pecar aún más?

El texto dice que Dios "nos escogió en Él" es decir por Su gracia y Su perfecta benevolencia. 
Luego de explorar el origen y tiempo de la elección de Dios, llegamos a una pregunta ¿para qué hemos sido llamados o escogidos?
Dios nos ha escogido para vivir en Su santidad, con vidas consagradas y esto no es producto de nuestros esfuerzos sino de la gracia de Dios obrando en nuestra vida.



Al pensar que Él nos ha escogido, nos llenamos de gozo puesto que todos "nosotros estábamos muertos en nuestros pecados y transgresiones". "No hay nadie que haga el bien". Por lo tanto, Dios no vio nada especial en nosotros por lo cual pudiésemos ser salvos.
Ninguno tiene o tendrá los méritos suficientes para presentarse delante de Dios, sino es por el ´único camino, Jesucristo.

Y si eso nos parece maravilloso, la siguiente parte del texto dice: "antes de la fundación del mundo", esto nos remonta a un tiempo que difícilmente podemos imaginar, nos lleva a la eternidad, en la cual encontramos al perfecto y santo Rey en toda su gloria, majestad y sabiduría. Desde ese tiempo -si pudiese llamarse así- el Padre nos había escogido "para alabanza de la gloria de su gracia".

El texto nos responde: "para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él".

Claro esta, que es necesario e imperante presentar nuestra vida como un "sacrificio vivo" delante de Dios.
El hombre que siembra continuamente para la carne, nunca ha sido salvo, nunca ha nacido de nuevo. 
¿Por qué?
Porque por medio de la convicción que da el Espíritu Santo, Dios nos concede la gracia para arrepentirnos y con este arrepentimiento aprendemos a odiar al pecado, aborrecerlo, a depreciar nuestro "yo" y huir po fe a Cristo.

Por lo anteriormente expuesto podemos deducir que:
- El creyente genuino anhela vivir en santidad para Dios, lo cual es producido por la gracia operando en su corazón.

- Muchos pueden ser muy morales y éticos, pero no santos.

- La santidad es resultado de ser escogido y salvados por gracia de Dios en Cristo Jesús.