martes, 24 de junio de 2014

Sermones antropocéntricos

El antropocentrismo es la doctrina que en el plano de la epistemología sitúa al ser humano como medida de todas las cosas, y en el de la ética defiende que los intereses de los seres humanos es aquello que debe recibir atención moral por encima de cualquier otra cosa. Así la naturaleza humana, su condición y su bienestar –entendidos como distintos y peculiares en relación a otros seres vivos– serían los únicos principios de juicio según los que deben evaluarse los demás seres y en general la organización del mundo en su conjunto. -

Pero ¿a que se refiere la expresión "sermones antropocéntricos"? Pues se refiere a esas predicaciones que están centradas en el individuo, en hacerlo sentir bien, en resaltar sus virtudes, en hacerle ver la vida tal cual merece. ¿Qué hay de malo en esto? Pues directamente es que con ese tipo de sermones la gloria de Dios es menoscabada, buscamos a un Dios que nos suplirá todo (y claro que Él puede hacerlo) pero este tipo de sermones, hacen ver más a Dios, como un "genio cósmico" que está "ahí" para suplirnos todo lo que nosotros deseemos, quién lo único que desea es que nosotros seamos felices y prósperos. Dejando a un lado aquellos temas que puedan resultas "incomodos" o "aburridos" para las personas.

Claramente este tipo de sermones son mas frecuentes en movimientos neo-pentecostales, ya que en ellos se ha infiltrado la doctrina de la prosperidad. La expresión "tipo de sermones" no nos referimos a sí es expositivo, tematico, etc...sino más bien el proposito que este lleva. 

El próposito debe ser el de glorificar a Dios. En cuanto a esto Jay E. Adams en el articulo  "Nueve convicciones provenientes del fundamento de la predicación bíblica" dice lo siguiente: 

El objetivo fundamental de la predicación es agradar a DiosEs una convicción central de la fe que Dios es soberano y que todas las cosas necesitan ser hechas para agradarlo. Agradar a un Creador Soberano significa descubrir lo que él desea y, por medio de su gracia, hacer su voluntad. Predicar la Palabra de Dios del modo de Dios debería ser el objetivo de predicadores fieles. Como soberano, Dios nos dice qué predicar y como hacer eso. Ministros de la Palabra no tienen el derecho de desviarse de sus instrucciones. Ideas y especulaciones humanas, por lo tanto, necesitan ser extrañas al púlpito.
Juan Calvino en su segundo libro de la "Institución de la religión cristiana" hace una ligera referencia a centrar nuestra enseñanza en las virtudes del hombre:
"Sin embargo, la doctrina que enseña al hombre a estar satisfecho de sí mismo, no pasa de ser -mero pasatiempo, y de tal manera engaña, que arruina totalmente a cuantos le prestan oídosPorque, de que nos sirve con una vana confianza en nosotros mismos deliberar, ordenar, intentar y emprender lo que creemos conveniente, y entre tanto estar faltos tanto en perfecta inteligencia como en verdadera doctrina, y así ir adelante hasta dar con nosotros en el precipicio y en la ruina total? Y en verdad, no puede suceder de otra suerte a cuantos presumen de poder alguna cosa por su propia virtud. Si alguno, pues, escucha a estos doctores que nos incitan a considerar nuestra propia justicia y virtud, Este tal nada aprovechar· en el conocimiento de sí mismo, sino que se ven presa de una perniciosa ignorancia"

Hoy en día podemos encontrar sermones como los siguientes: "Conozco, poseo y acciono la palabra de verdad", "arrebatando mi posición de hijo", "el poder en nosotros".. En fin el tema de los sermones nos dicen todo y claramente es antropocéntrico. 
Que como predicadores nuestro deseo sea guiar a los hombres a Dios, y que la gloria de Dios se magnificada y alabada por todos. Que Jesucristo sea honrado en nuestros sermones, que Su nombre se escuche más que nuestras opiniones. Que seamos nosotros fieles a Su Palabra