jueves, 28 de mayo de 2015

Un llamado a la batalla espiritual


"Mientras peregrinamos en este mundo, debemos luchar"



El tema de la batalla espiritual -al igual que muchos temas- ha sido deformado por el movimiento de palabra de fe, de tal modo que vemos y oímos de casos en los cuales neo-profetas realizan actos proféticos como derramar sal en un lugar alto para supuestamente "purificar" tal nación y luchar contra Satanás. Sin duda, que dichos actos son simplemente alucinaciones.

Pero ¿existe una batalla espiritual? Claro que si. La Biblia nos enseña que Satanás se opone a Dios constantemente y que odia al pueblo escogido del Señor.

Tal como lo expresa el pastor Joel Beeke en  las siguientes palabras: "Si usted es un verdadero creyente, Satanás lo odia. Lo odia porque usted es la imagen de Cristo, porque usted es la singular obra de Dios creado en Cristo Jesús para buenas obras, y porque fue arrebatado de su poder." Hay alguien que nos odia más de lo que nosotros podemos pensar. 

Pero no hay nada que temer, la Biblia nos enseña también que nuestro Dios gobierna y que nada ni nadie, escapa a su control soberano, por tal razón podemos decir que aún Satanás está sujeto al gobierno de Dios. Tal como vemos en el relato de Job éste adversario no puede hacer nada en contra de los escogidos de Dios, sin que Él lo permita (Job 2:4-6)

Reconociendo que estamos en una batalla, pero que Dios tiene el control ¿qué debemos hacer nosotros los creyentes?

Velar (Mt. 26:41a) la palabra utilizada para velar es "grēgoreō" la cual indica, estar alertas. En este sentido, el creyente debe estar atento (velando) de cualquier engaño que el Adversario utilice en su contra.

Resistir (Stg. 4:7a) esta palabra nos indica, oposición. El creyente debe oponerse a cualquier argumento que menoscabe la gloria del Señor, que atente contra la verdad de las Escrituras o que lo incite a apartarse de la obediencia al Señor. 

Lo antes mencionado solo puede ser efectivo, si nos mantenemos en dependencia de nuestro Señor Jesucristo (Cf. Jn. 15:5)

Nuestro llamado es a orar, velar, resistir y usar la palabra de Dios en esta constante batalla espiritual.