lunes, 15 de junio de 2015

Relativismo: Una anécdota



Hoy quisiera compartir con ustedes una breve anécdota sobre mi encuentro con un relativista, pero antes de eso, veamos el significado de relativismo:

El relativismo enseña que el conocimiento, la verdad y la moralidad no son absolutos. Sino que más
bien, varían de una cultura a otra e inclusive de una persona a otra. Esto se debe a lo limitado del
estado de la mente y a que no pueden haber absolutos que den un significado establecido o valor a
cualquier pensamiento o acto humano.

No hay absolutos, no hay certeza. Puede ser y no ser, o puede ser y no ser a la misma vez (aunque suene contradictorio). Esos son los parámetros del relativismo.

He aquí mi breve anécdota:

Cierta persona me dijo: "Cada cabeza es un mundo, y cada quién hace lo que le parezca correcto mientras no dañemos a alguien más. Tú tienes una idea del evangelio, yo tengo otra, y así cada quién y todas pueden ser correctas. Nuestras diferencias no desacreditan el mensaje del evangelio. Es más, los que son ateos, tienen una perspectiva equivocada, pero jamás podríamos hacerlos cambiar."

Relativismo, eso es lo que impera en nuestra sociedad y para muestra de ello les he compartido lo que alguien me dijo en cuanto al evangelio. En conclusión para el relativista: cada quién vive como mejor le parezca, mi verdad no necesariamente tiene que ser la tuya, y tu verdad no necesariamente es la mía pero debo respetarla.
De este modo quien se apega al relativismo, desecha lo objetivo o absoluto, el Evangelio es absoluto y no hay ningún tipo de concesión. 
A menudo nos encontraremos con muchas personas que piensen de esa manera, aún en el cristianismo existen personas que creen ser de "mente abierta", cuando deberían llamarse a sí mismos: relativistas.

Necesitamos leer y estudiar las Escrituras para combatir estas estrategias de engaño. Necesitamos depender cada día de la gracia del Señor.