lunes, 20 de julio de 2015

¿Cómo conocer a Dios?




Todos los hombres en todo lugar creen tener una idea de Dios y de cómo conocerle, en la mayoría de los casos la imagen y el concepto de Dios creados por el hombre, son simplemente sombras absurdas y contradictorias, que los conducen al error y la muerte. De tal modo que es muy necesario para los hombres saber quién es Dios y cómo conocerle, por el momento abordaremos la segunda cuestión: ¿Cómo conocer a Dios?

Para dar respuesta me auxiliaré de la Confesión de fe de las Iglesias Reformadas (o confesión de los países bajos), la cual contiene lo que muchos cristianos conservadores y bíblicos han creído respecto a Dios y Su Palabra. En dicha confesión encontramos en el Artículo 2, lo siguiente:

"A Él le conocemos a través de dos medios.
En primer lugar, por la creación, conservación y gobierno del universo: porque éste es para nuestros ojos como un hermoso libro en el que todas las criaturas, grandes y pequeñas, son cual caracteres que nos dan a contemplar las cosas invisibles de Dios, a saber, su eterno poder y deidad, como dice el apóstol Pablo; todas las cuales cosas son suficientes para convencer a los hombres, y privarles de toda excusa. En segundo lugar, Él se nos da a conocer aún más clara y perfectamente por su santa y divina Palabra, esto es, tanto como nos es necesario en esta vida, para Su honra y la salvación de los Suyos."
De tal Artículo deducimos dos cosas:
La primera, Dios se da a conocer por medio de la creación.
La segunda, Dios se da a conocer de manera más clara a través de las Sagradas Escrituras.



Dios se da a conocer por medio de la creación.
El apóstol Pablo dice: “Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa.” (Rom. 1:20). Es por medio de lo creado, que nos damos cuenta de que hay un Creador que ha colocado todo en su lugar, que ha diseñado cada forma y cada cosa que existe en el universo. Respecto a eso R. C. Sproul comenta:

“La sublime presencia de Dios está en todo lo que nos rodea. Sin embargo, con frecuencia somos sordos y ciegos. No entendemos su idioma. Para apreciar el aroma de las flores es necesario hacer algo más que detenerse. La flor contiene más que un dulce aroma o fragancia. Exhala la gloria de su Creador. Estamos en contacto con la revelación divina cuando somos conscientes de la gloria de Dios en la naturaleza. La naturaleza no es divina. Pero la gloria de Dios llena la naturaleza y se nos revela en ella y por medio de ella.”

Sin embargo por la perversidad de su corazón, el hombre ha fijado su atención en la creación como el fin mismo, tomando de ella, formas y objetos de culto. Lo vemos a lo largo del mundo, hombres adorando animales, dioses que entremezclan diversos elementos tomados de la creación. Es por ésta razón y para Su gloria que Dios se reveló de otra manera.

Dios se da a conocer de manera más clara a través de las Sagradas Escrituras.-
Desde el Génesis hasta al Apocalipsis, Dios se ha revelado al hombre, dando a conocer no solamente su poder creador, sino también su gracia, misericordia, amor, justicia, santidad y perfecta sabiduría.

El teólogo Juan Calvino añade:

“Por tanto es singular don de Dios que, para enseñar a la Iglesia, no solamente se sirva Él de maestros mudos, como son sus obras, de las que hemos hablado, si no que también tenga a bien abrir su sagrada boca, y no solamente haga saber y publique que se debe adorar algún Dios, sino también que es Él el Dios que debe ser adorado; y no solamente enseña a sus escogidos que fijen sus ojos en Dios, sino que Él mismo se les presenta ante los ojos para que lo vean”.

En definitiva, por todo lo anterior podemos decir que Dios por su perfecta y santa voluntad ha querido darse a conocer desde el principio por medio de la creación y su bendita Palabra.
Nosotros, podemos conocerle efectivamente cuando estudiamos las Escrituras, y pedimos al Señor que abra nuestro entendimiento para conocerle profundamente.

Abre mis ojos, y miraré
Las maravillas de tu ley. (Salmos 119:118)