martes, 28 de julio de 2015

Cuidado con lo que consumes doctrinalmente



Es un hecho que la mala alimentación produce grandes problemas en nuestros cuerpos, mucha azúcar, mucha grasa, y otro tipo de sustancias pueden ocasionarnos dolores o malestares que no son nada agradables. En los caso más delicados los efectos de la mala alimentación no son visibles, es más, no hay sospechas de que la salud se halla visto afectada. Sin embargo, al pasar de los años resurgen las enfermedades más complicadas.

El escritor de la carta a los Hebreos dice:
“En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de Dios.Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido. El que sólo se alimenta de leche es inexperto en el mensaje de justicia; es como un niño de pecho.  En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual.”

Vemos ahí cierta distinción entre leche (verdades más elementales) y alimento sólido (verdades más profundas), lamentablemente aquellos a quienes iba dirigida esta carta estaban tan alejados de la verdad, que era necesario volver a las verdades más básicas o elementales.

Hoy en día ocurre algo más complicado que esto, y es que muchos están consumiendo leche adulterada y alimento sólido adulterado, dicho de otra manera, están llenando sus corazones con falsa enseñanza, la cual en alto grado aleja del verdadero Evangelio y corrompe aún más los corazones. El movimiento de la palabra de fe, la reforma neo-apostólica, el antinomianismo, el liberalismo, el mesianismo, entre otros, son corrientes que están apartando al hombre del verdadero evangelio. No me refiero a sectas o herejías ya conocidas, no, estoy hablado de movimientos que han nacido en el seno evangélico protestante y que están desviando a muchos al camino ancho y espacioso que lleva a la condenación.

Al igual que las comidas con mucha azúcar o mucha grasa, no vemos sus efectos dañinos instantáneamente, pero sin duda, aquel corazón que se entrega a enseñanzas torcidas, tarde o temprano sufrirá las dramáticas consecuencias.

Por lo tanto, es necesario que cada creyente examine cada enseñanza a la que se expone, que sea como los de Berea, quienes compaginaban la enseñanza de Pablo con las Escrituras. En definitiva, las Escrituras deben ser el estándar con el cual toda enseñanza debe ser medida.

Pidamos al Señor que nos ayude a cuidar nuestra alimentación espiritual, cuidemos nuestro corazón de todo consejo errado y carente de las Escrituras, eso nos mantendrá sanos y fuertes para la gloria de Dios.