viernes, 21 de agosto de 2015

Las malas amistades y la Ley de Dios.




No todos los amigos nos convienen. Muchos escuchamos en nuestra infancia, a nuestros padres decirnos que evitáramos la compañía de ciertos amigos, en aquel entonces las explicaciones presentadas por ellos, nos parecían algo difícil de entender o asimilar. Años después, lo hemos comprendido.

Nuestra vida espiritual es marcada por las personas con las que tenemos amistad. Esto de alguna manera debe considerarse como una seria advertencia, la cual no debe pasar por desapercibida. El salmista dice lo siguiente:

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en la senda de los pecadores
ni cultiva la amistad de los blasfemos”  (Salmos 1:1 NVI)

La dicha del hombre, del creyente es consecuencia de apartarse, abstener de malas amistades. El texto en la versión NVI, menciona tres tipos de personas: los malvados, los pecadores y los blasfemos, pareciera una redundancia, sin embargo la intención es hacer ciertas distinciones. El teólogo Juan Calvino en su comentario a este Salmo, se refiere más bien a tres fases: el consejo, la senda y la amistad.

El consejo de los malvados: Son incitaciones, ideas y pensamientos dados por aquellos que no tienen temor del Señor. No son palabras abiertamente pecaminosas, es más parecen estar llenas de sentido común.

La senda de los pecadores: La “senda” se refiere a las prácticas o el estilo de vida. Aquellos consejos o conversaciones han afectado nuestra forma de ver o interpretar la realidad. Ya no solo se escucha el consejo, ahora se practica.

La amistad de los blasfemos: “¿Andarán dos juntos sino estuviesen de acuerdo?” esta es la etapa final, el clímax es una vida oscurecida por el pecado. El corazón se ha llenado de obstinación y desprecio a la palabra de Dios.

Las malas amistades corrompen las buenas costumbres. Cuando apartamos nuestra atención de las Escrituras, estamos más propensos a buscar consejos en hombres o mujeres que no tienen temor del Señor, lo cual podría llevarnos a la corrupción de nuestro corazón.

Pero si nos apartamos del consejo de los malvados y más bien nos deleitamos en la palabra del Señor, seremos bienaventurados.
Por lo tanto es importante saber qué clase de amistades tendremos, ya que las mismas, perjudicarán o beneficiarán nuestra vida espiritual.