viernes, 20 de noviembre de 2015

Volvamos a los fundamentos

Volvamos a Dios y su palabra

La semana pasada, empecé a leer el libro “Avivamiento” escrito por Martyn Lloyd Jones, se trata de una compilación de sermones cuya línea de pensamiento es la vitalidad y el despertar de la Iglesia.

Algunos estarán de acuerdo con todo lo que este autor expone en ese libro, otros se mantendrán al margen. Personalmente, considero que muchos de los aportes que aborda el Dr. Martyn son de edificación y de consideración seria (aunque hay asuntos, que no comparto del todo).

En uno de esos sermones que leí, encontré esta frase: “Volvamos a los fundamentos”. Una frase que me hizo pensar en algunas cosas.

Nos hemos desviado.

Si, quizás en algún momento la Iglesia se desvió, seducida por el mundo, por los métodos, por el paganismo, por la crisis social. Perdimos el rumbo.

El amor se ha enfriado. La autoridad de las Escrituras, ha pasado a un segundo lugar. Ahora la mayoría de cristianos, desean que el profeta o apóstol de moda, ponga sus manos sobre ellos y les diga que serán los próximos gobernadores, alcaldes o presidentes. Ansían poder, prosperidad y felicidad…aunque eso signifique dejar a un lado las Escrituras, y por ende a Dios.

El espíritu laodicense, crece y se fortalece. El desvío es más evidente.

Y ¿qué de mí?

Podemos hablar de la condición de la Iglesia de forma general. Pero ¿qué de nosotros, individualmente?
¿Es la Escritura la autoridad en todo asunto en nuestra vida?
¿Es Dios, quién tiene todo nuestro amor y atención?
¿Cuál es mi visión sobre el pecado?
¿Estoy luchando con el pecado?
¿Estoy buscando la santificación?
¿Estoy leyendo o estudiando la Biblia?
¿Estoy viviendo para la gloria de Dios?

Las respuestas concretas a éstas y otras preguntas, solamente las conocemos nosotros y Dios. Pero, suponiendo que no estemos en las mejores condiciones y que nuestras respuestas nos resultan repulsivas ¿qué podemos hacer?

Volvamos a los fundamentos

Eso es lo que debemos hacer, volver. Regresar a las sendas antiguas. Arrepentirnos de nuestro desvío.
Volver, implica que debemos abandonar todo aquello que tenemos y tomar los fundamentos del Evangelio.

Que sea la Escritura, nuestra regla de fe y conducta.
Que sea Dios, el todo de nuestro amor.
Que el pecado, nos resulte detestable como lo es para Dios.
Que la piedad, sea el para qué de nuestra vida.
Que vivir para la gloria de Dios, sea el deseo de nuestro corazón.

Necesitamos volver a Dios, volver a los fundamentos.