miércoles, 11 de noviembre de 2015

Yo, pecador: Un llamado a luchar.

Hacia la meta que es Cristo

¿Los cristianos pecamos? Si, lo digo por experiencia propia.
¿Los cristianos disfrutan del pecado? No, en realidad, queremos hacerlo morir cada día con la ayuda de Dios y para Su gloria.

Un poco de contexto.


Adan y Eva, desobedecieron a Dios en el jardín del Edén. Desde ese entonces, cada ser humano, que ha habitado, habita y habitará esta tierra, ha nacido en pecado.

El apóstol Pablo escribe: 

Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. (Rom. 5:12)
Es por eso que en otra carta, el apóstol Pablo inspirado por Dios, escribe que "No hay justo...que no ha hay nadie que busque a Dios". La razón es que nosotros hemos nacido en pecado y nuestra tendencia, deseos y decisiones siempre son hacia el pecado. Dicho de otra forma, nacemos y crecemos enemistados con Dios.

Jesucristo nos liberta de la condenación del pecado.

Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. (Rom. 5:19)
La obediencia y amor de Jesucristo, se ve en la cruz, al dar su vida en rescate por muchos. Dios mostró Su amor, en que siendo pecadores, Cristo murió por nosotros. Ese sacrificio expiatorio, ha libertado a muchos de las cadenas del pecado, ha traído luz a los corazones, en fin, nos ha llevado una nueva vida (2 Cor. 5:17).

Si Jesucristo murió por mis pecados ¿por qué peco?


Porque aún hay remanente de pecado en nosotros. Veamos algunas citas bíblicas (espero que no te las saltes en la lectura):
Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a El mentiroso y su palabra no está en nosotros. (1 Juan 1:10)
Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no.
pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. (Rom. 7:18,23)
No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús (Filipenses 3:12)
Es totalmente cierto, que Jesucristo murió por nuestros pecados, y ha destronado al pecado de nuestro corazón. Ya no somos siervos del pecado, ya no vivimos para satisfacer nuestros deseos perversos y deleitarnos en ellos. Sin embargo, todavía quedan algunos remanentes de corrupción en todas partes, por eso continuamente el Señor nos llama a luchar, a resistir, a huir, de todo aquello que sea pecado o que nos lleve a pecar.

Alguien dijo que el pecado es como un perro, al cual debemos privar de cualquier alimento, entre menos alimento proveamos, menos fuerzas tiene, así que "no penséis en proveer para las lujurias de la carne" (Rom. 13:14b)

Oremos, leamos y estudiemos las Escrituras, congreguemonos regularmente, pidamos al Señor la gracia necesaria, para que el pecado -como el perro sin comida- pueda desfallecer.

El Catecismo de Heidelberg dice lo siguiente, en la pregunta 32, que valdría la pena considerar:
¿Porqué te llaman Cristiano (a)?

Respuesta: Porque por la fe soy miembro de Jesucristo y participante de su unción, para que confiese su nombre y me ofrezca a El, en sacrificio vivo y agradable y que en esta vida luche contra el pecado y Satanás con una conciencia limpia y buena y que, después de esta vida reine con Cristo eternamente sobre todas las criaturas.