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Bueno es para mí ser afligido,
para que aprenda tus estatutos (Sal. 119:71)

Quizás el tema de este post, parece irracional o masoquista. Pero, si lees lo que a continuación te presento, te darás cuenta que la aflicción después de todo no es tan mala.


Cuestión de perspectiva

La aflicción desde nuestro punto de vista, es difícil, en muchos caso es difícil de sobrellevar. Pero desde la perspectiva de Dios, la aflicción tiene un buen propósito eterno y perfecto. De hecho, Dios ya ha ordenado cada una de las aflicciones que hemos de sufrir, todas ellas, con un mis objetivo: Hacernos crecer y glorificarle.

Con todo esto, no estoy afirmando que Dios sea tirano y se deleite en el sufrimiento de los hombres. No, más bien, Dios en su amor y perfecta sabiduría ha determinado las pruebas que hemos de afrontar. ¿Para qué? Para que dependamos de Su gracia y favor.

Algunos ejemplos bíblicos:
  • El plan malvado ejecutado por los hermanos de José (Génesis 37)
  • La muerte de Cristo (Hechos 2:23)


Las aflicciones son diversas pero Dios es inmutable.

Evidentemente, no todos pasamos por las mismas aflicciones, pero en todas ellas, podemos contar con el Dios que contó Jose, David, Moises, etc. No importa cuál sea nuestra aflicción, El Señor puede ayudarnos.

"Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre, y tu memoria de generación en generación” 
(Salmo 102:12)


Los beneficios de la aflicción

Ya hemos visto, que las aflicciones han sido previamente determinadas por Dios y que Èl mismo nos ayuda en medio de éstas. Pero ¿Cuáles son los beneficios? 

Las aflicciones nos llevan a los pies de Cristo:
No hay otro refugio al que podamos ir, más que nuestro a Señor. Tal como el hijo corre a los brazos del padre, en momentos de temor y angustia, asimismo nosotros podemos llegar ante el Señor y pedir su ayuda.

Las aflicciones nos ayudan a enfocarnos en lo eterno:

Hay temporadas de la vida, en las cuales vivimos enfocados totalmente en nuestros deseos, planes y metas, tanto así que abandonamos el objetivo real de nuestras vidas: Glorificar a Dios y gozar de Él. Por ello, es necesario -según la voluntad del Señor- que padezcamos para que veamos nuestra condición y nos humillemos delante de Él.


"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados." (Rom. 8:28)

Busquemos la gracia de Dios en oración, para que en cada dolor, cada aflicción y tristeza podamos decir: Aprender Su verdad, preferir su voluntad y buscar Su GLORIA.



Señor, yo sé que tus juicios son justos,
y que con justa razón me afliges. (Salmos 119:75)

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