jueves, 21 de enero de 2016

Lo que entendí y entiendo ahora sobre declarar



He escrito varios post sobre el movimiento de la palabra de fe, y espero que sean de provecho para algunos, si así Dios lo quiere. En esta semana leí un post llamado "Yo también decretaba" escrito por Gerson Morey, para Coalición por el Evangelio (si no lo has leido, te recomiendo que lo hagas)

Dicho artículo me hizo recordar, de cuando yo también "declaraba" (que es igual a decretar) y pensando en eso, quiero compartir, porque yo hacía eso.

Lo que entendía sobre declarar

Yo declaraba en todas mis oraciones, y recordarlo me hace pensar en cuanta misericordia ha tenido el Señor de mi vida. ¿Qué entendía yo por declarar?

1. Entendía que era un acto de fe: Creía que haciendo o diciendo ese tipo de cosas, mis oraciones serían efectivas.

2. Pensaba que declarar hacía que lo imposible ocurriera: Miraba a muchos "apóstoles" que hablaban sobre grandes milagros o cosas por el estilo y todo por el poder de la palabra.

3. Entendía, que Dios me había dado la facultad de poder llamar las cosas que no eran como si son.

Esa eran las motivaciones de porque yo oraba de esa forma. Sin saberlo, estaba siendo atrapado por la falsa doctrina.

Hasta que un día por la voluntad de Dios, encontré ministerios bíblicos que han venido a ser de mucho sustento para mi vida. Como el ministerio de Miguel Nuñez, John MacArthur, los sermones de Charles Spurgeon, entre otros.

Mi perspectiva en cuanto a la vida cristiana, Dios y la oración y muchas cosas más, fue tremendamente sacudida. El conocimiento y la gracia de Dios tocaron mi vida, por misericordia del Señor.

Hoy en día, el Señor sigue trabajando en mi, como en todos Sus hijos.

Y ¿qué entiendo ahora sobre declarar o decretar?

1. Que es una práctica que proviene de la metafísica.

2. Que Jesucristo, ni los apóstoles, enseñaron a declarar o decretar en las oraciones.

3. Que esta práctica es abominable delante de los ojos de Dios, ya que menosprecia Su soberanía.


Espero que sea la gracia del Señor operando en nuestros corazones, de tal modo que, todo aquello que no está acorde a Su Palabra, podamos sacarlo de nuestra vida.

Y para todos aquellos hermanos que con corazón sincero quieren dejar esa práctica de declarar o decretar, vayan a la Escritura y vean las oraciones de los siervos de Dios y rueguen al Señor que abra sus corazones a la verdad.