jueves, 16 de marzo de 2017

La salvación es del Señor (Parte I)



Anteriormente publiqué un breve artículo sobre el pecado original y sus efectos sobre la raza humana. Llegando a una conclusión un tanto escandalosa: “El hombre no puede y no quiere salvarse a sí mismo”. De modo que llegamos a una pregunta: ¿Cómo somos salvos?

Pero antes de responder tal pregunta, es necesario establecer un fundamento:
1. La necesidad de la humanidad de la salvación
2. Perspectivas erróneas sobre la salvación
3. Jesucristo y la salvación.

Por ahora, veremos el punto 1 

LA NECESIDAD HUMANA DE LA SALVACIÓN:

Las Escrituras es clara al enseñar que toda persona en el mundo, sucumbe ante el pecado y experimenta la corrupción moral, enemistad con Dios y condenación.

Dice el necio en su corazón: No hay Dios.
Se han corrompido, e hicieron abominable maldad;
No hay quien haga bien. (Salmos 53:1)
Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. (Romanos 5:12)
Además de tales descripciones, en los Evangelios, encontramos que la condición del hombre y la mujer –  palabras de Jesucristo- es que están perdidos (Cf. Lucas 19:10) y Él claramente dijo que “el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Juan 3:18b)

El apóstol Pablo (inspirado por Dios) enseña respecto a la condición del inconverso que:


a) El inconverso es depravado espiritualmente
Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, (Efesios 2:1-2)
ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. (Efesios 4:17-19)
E. Earle Ellis, escribe: “La depravación total no significa que el hombre caído sea tan malo como sea posible, sino que cada aspecto de su ser-mente, voluntad, emociones, está bajo los efectos del pecado, es decir, del Pecado Original en el Jardín.” (Ver 1 Cor. 15:22) [1]


b) El inconverso es ajeno a la vida de Dios, Pablo añade:
Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado (Col. 1:21)
c) El inconverso es culpable y condenado. Ya que resulta imposible guardar la Ley, el inconverso se encuentra bajo la maldición de la Ley (Gál. 3:10)

d) El inconverso está sin esperanza, esclavizado por el pecado, la muerte y el Diablo. Pablo describe al inconverso como “esclavos del pecado” (Rom. 6:17)

Por todo lo visto anteriormente, es un hecho real que la humanidad se encuentra en una condición deplorable espiritualmente. Y esto nos lleva ampliar nuestra idea escandalosa, citada al principio de este escrito:

“El hombre no puede y no quiere salvarse a sí mismo. Necesita un Salvador”

En el próximo post veremos algunas posturas acerca de la salvación sostenida por diversos grupos cristianos. Todo con el fin de que nuestra perspectiva sobre la salvación sea la más cercana a las Escrituras.

[1] The Sovereignty of God in Salvation, Biblical Essays, E. Earle. Ellis, pp 3