viernes, 17 de marzo de 2017

La salvación es del Señor (Parte II)


El día de ayer publiqué un post sobre la necesidad que tiene la humanidad de la salvación. La Biblia nos muestra de forma clara, cual es la condición del hombre y de la mujer fuera de Cristo. En este artículo, me dispongo a compartir algunas perspectivas erróneas sobre la salvación. 

He considerado abordar 3 perspectivas, se que hay muchas más pero para nuestro estudio veremos las siguientes. 


La Iglesia Católica Romana y la salvación.

Martín Lutero escribió en el año 1525 un libro titulado “La esclavitud de la voluntad”. En tal libro, Lutero desafía la enseñanza romana de la salvación por obras. Aún hoy en día la Iglesia Católica Romana (ICAR) sostiene que las buenas obras pueden ayudar a ser salvos, ya que el hombre “no sufrió quebranto sustancial en lo que pertenece a la integridad de su pura naturaleza: poder de raciocinio, libre albedrío y todos los medios necesarios para alcanzar el fin natural de su vida” [1]

Sin embargo, la posición de la ICAR es falaz debido al testimonio de las Escrituras, que nos muestra que la naturaleza humana quedó, e sí misma íntimamente deteriorada por el pecado e inclinada hacia el mal.

"La teología católica romana es sinérgica, enfatiza la síntesis de las acciones divinas y humanas, la salvación es por la gracia y las obras. El Concilio Vaticano II redefinió la salvación existencialmente y amplió su alcance para incluir a todos los religiosos no cristianos e incluso ateos en su perspectiva" [2]

En una de las cuatro constituciones promulgadas por el Concilio Vaticano II, dice:

Por último, quienes todavía no recibieron el Evangelio, se ordenan al Pueblo de Dios de diversas maneras [32]. En primer lugar, aquel pueblo que recibió los testamentos y las promesas y del que Cristo nació según la carne (cf. Rm 9,4-5). Por causa de los padres es un pueblo amadísimo en razón de la elección, pues Dios no se arrepiente de sus dones y de su vocación (cf. Rm 11, 28-29). Pero el designio de salvación abarca también a los que reconocen al Creador, entre los cuales están en primer lugar los musulmanes, que, confesando adherirse a la fe de Abraham, adoran con nosotros a un Dios único, misericordioso, que juzgará a los hombres en el día postrero. Ni el mismo Dios está lejos de otros que buscan en sombras e imágenes al Dios desconocido, puesto que todos reciben de El la vida, la inspiración y todas las cosas (cf. Hch 17,25-28), y el Salvador quiere que todos los hombres se salven (cf. 1 Tm 2,4). Pues quienes, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, no obstante, a Dios con un corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, en cumplir con obras su voluntad, conocida mediante el juicio de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna

El Finneyismo y la salvación


Charles Grandson Finney—Teólogo y evangelista norteamericano, Finney (1792–1875) se destacó también como pastor y profesor del Oberlin College. Su teología era marcadamente arminiana(a).[4]

Charles Finney escribió su “Teología Sistemática”, lo siguiente:

De nuevo: Salmo 51:5: "He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre". Sobre esto observo que parecería, si este texto se entendiera literalmente, que el salmista intentaba afirmar el estado pecaminoso de su madre al momento de su concepción y durante su gestación. Pero, interpretar estos pasajes como la enseñanza de la constitución pecaminosa del hombre es contradecir la definición de Dios sobre el pecado, y la única definición que la razón humana o el sentido común pueden recibir; esto es, que "el pecado es la transgresión de la ley". Esto es, sin duda, la única definición correcta del pecado. Pero hemos visto que la ley no legisla sobre la sustancia, que requiere a los hombres que tengan una cierta naturaleza, sino solamente sobre la acción moral voluntaria. Si el salmista realmente intentaba afirmar que la sustancia de su cuerpo era pecaminosa desde su concepción, entonces no sólo se coloca él mismo en contra de la definición de Dios sobre el pecado, sino también afirma puros disparates. ¡Pecaminosa la sustancia de una criatura sin nacer! ¡Es imposible! Pero ¿qué quería decir el salmista? Respondo: Este versículo se encuentra en el salmo penitencial de David. Él está profundamente convencido de pecado y estaba, como tenía una buena razón para estarlo, muy emocionado, y él mismo expresó, como todos lo hacemos en circunstancias similares, con lenguaje fuerte. Su mirada, como era natural y es común en tales casos, había sido dirigida por la senda de la vida de regreso a las memorias tempranas de su vida. Recordó los pecados entre los actos tempranos de las remembranzas de su vida. Irrumpió en el lenguaje de este texto para expresar, no el dogma anti escritural y absurdo de una constitución pecaminosa, sino para afirmar en su lenguaje fuerte y poético que había sido pecador desde el principio de ser un pecador. Éste es el lenguaje fuerte de la poesía. [5]

Para Finney, el pecado original no forma parte de la raza humana por herencia, sino por aprendizaje, es decir que, aprendemos a pecar por los malos ejemplos que vemos a nuestro alrededor.

“Finney negó la idea de que los seres humanos poseyeran una naturaleza pecaminosa. Por lo tanto, si Adán nos conduce a pecar, - no porque heredamos su culpa y corrupción, sino porque imitamos su ejemplo malo - esto lleva lógicamente a ver a Cristo, el Segundo Adán, como quien salva por su ejemplo también.” [6]

Por lo que vemos Finney, siguió una tendencia Pelagiana, la cual condenada por el cristianismo hace mucho tiempo.

El liberalismo teológico y la salvación

En Hispanoamerica el liberalismo teológico no poseía la fuerza con la que cuenta actualmente. Esto posiblemente se debe a la proliferación de libros y artículos a través de Internet. 

Estimulado por el racionalismo de La Ilustración, el liberalismo teológico niega el supernaturalismo, los milagros, la autoridad bíblica y otras doctrinas clásicas de la fe. De manera que, el liberalismo teológico rechaza la caída de la raza, la depravación humana, la ira divina, el sacrificio sustitutivo de Cristo y la necesidad de la conversión.

El liberalismo teológico define “la salvación como la transformación de la sociedad humana por medio de la educación, el cambio social y la acción política motivada por los ideales y la ética de Jesús de Nazaret” (Bruce Demarest)

Aunque existen más perspectivas respecto a la salvación, las anteriores nos muestran que, cuando nos alejamos de las Escrituras y ponemos en tela de juicio el mensaje del Evangelio a favor de nuestros deseos, entonces producimos y predicamos perspectivas erróneas y perjudiciales. En el próximo artículo, veremos a Jesús nuestro Salvador y las implicaciones teológicas.




[1] CFTE, Catolicismo Romano, Francisco Lacueva

[2] The Cross and Salvation, Bruce Demarest

[3] Constitución dógmatica de la Iglesia, Lumen Gentium, http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html, consultado el 16 de Marzo de 2017

[4] De Andrade, C. C. (2002). En Diccionario Teológico: Con un Suplemento Biográfico de los Grandes Teólogos y Pensadores (p. 329). Miami, FL: Patmos.

[5]TEOLOGÍA SISTEMÁTICA por Charles G. Finney Capítulo 19 Depravación Moral

[6] EL LEGADO DE CHARLES FINNEY Por Michael S. Horton Vol.1, No.1, http://www.clir.net/pdf/boletin0101/0101mhorton_ellegadodecfinney.pdf , consultado el día 16 de Marzo de 2017.

(a) Posición soteriológica que abordaré en otro artículo, debido a su amplitud. “