sábado, 13 de mayo de 2017

Meditaciones en el evangelio según Marcos: Jesús y la enfermedad



Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan. Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella. Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía. (Marcos 1:29-31)

Luego del encuentro con el hombre del espíritu inmundo, Jesús se dirige a la casa de Simón y Andrés. "De hecho, la casa de Pedro parece haber estado situada a sólo unos metros de la sinagoga"[1]

Es importante mencionar que Simón Pedro y Andrés, eran originarios de Betsaida (según Juan 1:44), pero cuando Jesús comenzó su ministerio, ellos vivían en Capernaúm.

En la casa de Pedro, según Marcos, se encontraba la suegra de Pedro con fiebre. En el primer siglo, la fiebre era considerada una enfermedad y no un síntoma, debido a que no existía conocimiento sobre la causa de la fiebre o de infecciones. Se nos dice que ésta mujer estaba acostada, lo cual nos lleva a pensar que la fiebre era muy grave.

Posiblemente impresionados por lo ocurrido en la sinagoga y ante la necesidad de aquella mujer, dan a conocer la situación a Jesús.

 Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre
Es interesante notar en esta descripción algunas cosas:

a) Marcos al igual que Mateo, no registran diálogo entre la suegra de Pedro y Jesús.

b) Jesús tomó o toco la mano. Un gesto que Marcos resalta en los milagros realizados por Jesús.
R. Alan Culpepper, escribe que "este milagro es casi un presagio de la resurrección: Jesús la tomó de la mano y la levanta" [2]

Seguidamente se nos dice que la fiebre dejó a aquella mujer, y tan grande fue su alivio que servía a Jesús y a quienes les acompañaba. El dolor había desaparecido.

Al leer estos dos versículos, alabo al Señor por su amor y misericordia al enviar a Su Hijo, quien se compadece de nuestras debilidades, llegará el tiempo en el cual ya no lidiaremos con la enfermedad ni la muerte.

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte,ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. (Apocalipsis 21:4)


[1] Mark, R. Alan Culpepper
[2] Ibid