domingo, 17 de julio de 2016

La manifestación de la vida eterna (1 Juan 1:1-4)


Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos, acerca del Verbo de vida (pues la vida fue manifestada, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos estas cosas para que nuestro gozo sea completo.
(1 Juan 1:1-4 LBLA)

Como vimos anteriormente, el autor de ésta carta es el apóstol Juan, quién se dirige a la Iglesia en general para abordar algunos temas de interés. Todo estos temas, están entrelazados entre sí.

La porción de 1 Juan 1: 1-4, nos muestra algunas ideas principales y en este post quiero abordar dos de ellas:

1. El testimonio apostólico.
El autor asevera que él fue un testigo del ministerio de Jesucristo, como vemos en el texto, los verbos “ver” y “oir” se repiten. Esto puede deberse a dos causas:

a) El autor quiere dejar claro que él fue testigo del ministerio de Jesucristo.

b) Juan parece advertir a sus lectores en contra de falsas doctrinas [docetismo] que niegan la naturaleza humana, el aspecto físico y la resurrección corporal de Jesús. (Kistemaker)

No hay duda que el apóstol Juan fue testigo del ministerio de Jesucristo. De tal modo que el pudo ver la divinidad y de su humanidad. El vio a Jesucristo como uno de ellos pero también lo vio como Dios (Mat. 17: 1-2)

El testimonio del apóstol no se basaba en meras especulaciones o rumores, era algo que él había visto, oído y palpado y por tales razones, proclamaba la vida eterna.

A propósito el teólogo Juan Calvino escribe: 
“Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos.” No fue oír de un informe, al que es dado poco crédito generalmente, sino que Juan quiere decir, que él había aprendido fielmente de su Maestro lo que él enseñó, y él no declara nada en forma desconsiderada y temeraria. Y, sin duda, nadie es un maestro apto en la Iglesia si no ha sido el discípulo del Hijo de Dios, e instruido correctamente en su escuela, en cuanto que solamente su autoridad prevalezca.

Lo que existía desde el principio”. Esta expresión tiene dos perspectivas:

a) El principio absoluto: como un eco de otro versículos como Juan 1:1 y Génesis 1:1.

b) El principio de la proclamación del Evangelio:
Walvoord expone:
“El autor declara entonces que el mensaje que él proclama es la verdad acerca del Hijo de Dios. Los apóstoles habían sido testigos de ella debido al contacto directo que habían tenido con el Señor. El autor se incluye a sí mismo entre los testigos presenciales apostólicos al describir esa proclamación como lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos”

Jesucristo como parte de la Santa Trinidad, ha existido desde siempre. Él es eterno y por tanto su mensaje es eterno. Por ello el apóstol Juan lo proclamó: Jesucristo es el verbo de vida.

2. Jesucristo el verbo de vida

Notemos en el texto las alusiones a Jesucristo: “Verbo de vida …la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó

El autor tiene algo claro, Cristo ha dado a conocer al Padre y el Padre se ha manifestado en el Hijo. Queda clara la distinción entre ambos.

El escritor a los Hebreos, inspirado por el Espíritu Santo escribió:

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; (Hebreos 1:1-2)

Este testimonio apostólico del Verbo de Vida, es transmitido para fortalecer la Iglesia en el conocimiento de Jesucristo. El comentarista Kistemaker ahonda más en esto y dice: 

“La invitación tiene dos propósitos. En primer lugar, Juan busca proteger a los lectores de ataques doctrinales de falsos maestros y fortalecerlos espiritualmente dentro de la comunión de los apóstoles y discípulos. Cuando las personas tienen verdadera comunión, comparten mutuamente sus dones, metas y bienes (comparar con Hch. 4:32–37). Los apóstoles compartían sus dones espirituales con los miembros de la iglesia. Y en segundo lugar, Juan invita a los lectores de su epístola a unirse con los testigos en la comunión que Estos tienen “con el Padre y con su Hijo, Jesucristo”


Este es nuestro gozo y nuestra comunión con la Iglesia: Que Cristo se ha manifestado en carne para vida eterna de su Pueblo y para gloria del Padre. 

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Bibliografía
[1] Walvoord, J. F., & Zuck, R. B. (2006). El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Nuevo Testamento, tomo 4: Hebreos-Apocalipsis
[2]
Comentario de 1 de Juan, Juan Calvino
[3]
Comentario de 1 de Juan, Simon Kistemaker